DÉCADA DE LOS SESENTA:
A “La Macarena”, siguieron otras obras escultóricas religiosas
no menos destacadas, casi todas ellas talladas en maderas preciosas de
ukola, caoba o ébano, que cautivarían, y cautivan, el
espíritu de los tinerfeños allí donde son
expuestas. Así, a principios de los años sesenta, y para
la Iglesia de La Esperanza (El Rosario), realizó la
talla de un Cristo
crucificado de 184 cm., que más tarde será conocido como
el “Cristo de La Esperanza”.
En
el año 1.962,
recibió el encargo de tallar un Cristo crucificado para la Ermita de
Fañabé, hoy Parroquia de Nuestra Señora del Campo,
lo esculpe en madera de ukola policromada, de 184 cm., y será
venerado hasta nuestros días como el “Cristo
de Fañabé”.
El
imaginero realizó,
por encargo de los Padres Escolapios, para la Capilla de las Escuelas
Pías de Santa Cruz de Tenerife, dos tallas, una de San José de Calasanz
y otra de San Pompilio María
Pirrotti,
ambas policromadas, de unos 180 cm., figuras con una gran fuerza
expresiva, rasgos diferenciados, policromía transparente en sus
rostros, y una suave estilización, características que
impregnan toda su obra escultórica.
Mención
aparte
merece su escultura religiosa relacionada con la Obra Hospitalaria de
San Juan de Dios. A finales de los años cincuenta, Antonio,
entró en contacto con los responsables del Hospital
de San Juan de Dios de Santa Cruz de Tenerife, fundado por el Hermano
Hospitalario Agustín Monsolén Urquiza, en el año
1.956. Antonio Giménez realizará las siguientes obras
para la Capilla del Hospital de San Juan de Dios, en Santa Cruz de
Tenerife: un Cristo crucificado tallado en madera de ukola, sin
policromar; una composición escultórica en talla de
madera policromada de San Juan de Dios con un niño a su lado; y
un Niño Jesús, con la bola del
mundo debajo de sus pies,
en madera sin policromar, patinada. Esculpió varias figuras de
San Juan de Dios, talladas en madera de ébano, con cabeza, manos
y pies de marfil, una de ellas, por encargo de los Hermanos de San Juan
de Dios de Santa Cruz de Tenerife, con destino a la Farmacia del
Vaticano.
A Juan
Ciudad, de Dios, por su Gracia.
De
los libros, Quijote fuiste, librero.
Peregrino de amor, tu Cruz, Granada;
en ella, la locura quedó calmada.
Presencia de esperanza, limosnero
en
calles y plazas, vida, andorrero,
con bendición divina, diste posada.
Luz del enfermo, de su calma penada,
bálsamo fecundo en su fin postrero.
Entre
llamas, tu estirpe penitente,
surge inmaculada, nunca herida,
para alivio de la pena doliente.
Hospitalario
fraterno, sacudida
de conciencia, ante corazón pudiente,
salud eterna de alma afligida.
(Joaquín Flores, abril 2.004).
En
esta época, comenzó a trabajar un material nada fácil de ser
tratado: el marfil. La delicadeza, la expresividad, la exaltación de
los rasgos que llega a alcanzar en las caras y manos de sus esculturas
talladas en marfil, hacen del escultor un verdadero especialista en
este material precioso, que seguirá utilizando con maestría durante
toda su vida.
A
mediados de los
años sesenta trabajó en el taller del escultor
tinerfeño D. Enrique Cejas Zaldívar, colaborando con él en el
sacado de puntos y materialización de varias de
sus obras.
ARTISTA
POLIFACÉTICO:
A
finales de los
años setenta formó parte del Grupo Obsidiana compuesto
por los pintores Juan Mazuelas, Juan
Galarza, Raúl Tabares,
Mario
Baudet, Siro Manuel y Enrique González Bernaldo,
y por
Antonio
Giménez como escultor. El contacto con esta
pléyade de grandes pintores, hace que Antonio se interese por la
pintura y que pase a desarrollar también su inspiración
artística en esta materia.
Antonio,
polifacético artista, dominador del dibujo, cultiva
además de la escultura y pintura, otras actividades como la
taracea canaria, la construcción de instrumentos musicales y el
diseño de joyas. En todas ellas sobresale por su maestría
y buen hacer. Además, comparte su trabajo artístico con
otra afición no menos importante: la enseñanza; en este
último campo destaca su inquietud y su preocupación por
transmitir sus conocimientos y técnicas a las generaciones
más jóvenes.
Antonio Giménez Martínez: de su vida y obra 
OTRAS
OBRAS:
-
Virgen del Pilar.-
Escultura en piedra de Granadilla, reproducción de la talla
original de madera.- En el pórtico de la Iglesia del Pilar.-
Santa Cruz de Tenerife.
-
Niño del Santo Remedio.-
Talla de vestir en madera policromada de unos 90 cm., con
cruz de madera en la mano- Ermita de San Sebastián.- Santa Cruz
de Tenerife.
-
Corazón
de Jesús.-
Escultura en mármol artificial, de 1,30 m.- Torre
de la Iglesia de Igueste de San Andrés.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Cristo crucificado.-
Escultura en marfil, de unos 40 cm., con cruz de madera de palo de
rosa.- Capilla del Beato Fray Leopoldo de Alpandeire.- Granada.
-
Cristo crucificado.-
Cuerpo de marfil y cruz tallada de ébano con nudos, de 25 cm.
Encargo de la Sra. Nichaldas.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Restauración
del retablo del altar mayor.- Bajo la dirección técnica
del Arquitecto Jefe del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife D.
Enrique Rumeu de Armas.- Iglesia del Pilar.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Camarín de la
Virgen, estilo barroco, y Manifestador del altar mayor con figuras de
los apóstoles.- Iglesia del Pilar.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Marco barroco dorado
con pan de oro fino, que enmarca una pintura de Juan de Miranda,
situada en Iglesia de la Concepción.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Virgen de Loreto.-
Talla en madera, con cabeza, manos y pies de marfil.- Encargo del
Doctor Francisco Navarro.- Santa Cruz de Tenerife.
-
Sagrada familia en marfil de estilo románico.- Encargo de D. José
Guerra.- Santa Cruz de Tenerife.
-
San Francisco.- Talla
en madera de caoba, con rostro, manos y pies de marfil.- Encargo de D.
Francisco Vega .- Santa Cruz de Tenerife.
-
San Francisco
arrodillado.- Talla en madera de caoba, de 24 cm., con rostro, manos y
pies de marfil, y bola del mundo también de marfil en sus
manos.- Santa Cruz de Tenerife.
-
San Francisco
arrodillado, con calavera entre las manos.- Talla en madera de caoba,
de unos 24 cm., con rostro, manos y pies de marfil.- Santa Cruz de
Tenerife.
-
Restauración de
La Dolorosa del imaginero tinerfeño Fernando Estévez,
para la Iglesia de la Orden Tercera de Santa Cruz de Tenerife.
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