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Gibert le sustituyó "Martinchique", en 1806. Con mucha probabilidad
éste último ya estaba vinculado, con anterioridad a su
nombramiento, al cabildo catedralio turiasonense, porque fue
seleccionado sólo por informes, sin la reglamentaria oposición. Y
seguramente, antes de su toma de posesión oficial del magisterio de
capilla, ya se encargaba de la enseñanza de los niños del coro -y por
tanto de la de Nicolás Ledesma-, quizá desde el mismo año de la
dimisión de Gibert.
Nicolás, siguió
sus estudios musicales en Zaragoza de la mano de Ramón
Ferreñac, primer organista de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar
desde 1785, con quien estudió más detenidamente el órgano y la
composición, ejercitándose en la improvisación, arte que años más tarde
llevaría a una perfección sin igual.
Miguel
Hilarión Eslava Elizondo (1807-1878), insigne músico navarro, en
su libro “Museo orgánico español”, escribe sobre una prestigiosa
escuela organística de Zaragoza (Nicolás Ledesma, Valentín Metón, José
Preciado,…) creada por Ramón Ferreñac, y que junto a la de Montserrat
gozaba de una gran reputación a finales del siglo XVIII y principios
del XIX.
En
los primeros años del siglo XIX, pasó al colegio de infantillos de la
Catedral de San Salvador de Zaragoza, conocida como La Seo, en la que
desde 1756 era maestro de capilla el músico riojano Francisco Javier
García Fajer “El Españoleto”, y lo siguió siendo hasta su fallecimiento
en 1809 durante el segundo asedio francés a la ciudad zaragozana.
García Fajer creó una gran escuela de compositores surgidos de su
enseñanza en el colegio de infantillos, que se extendieron por toda
España ocupando numerosos magisterios de capilla, entre otros: Aranaz,
Secanilla, Prieto, Cuéllar, García Argudo y Nicolás Ledesma. El ilustre
zaragozano Mariano Rodríguez de Ledesma (1779-1847), considerado el
primer músico romántico español, también fue alumno suyo; era doce años
mayor que Nicolás por lo que no es probable que coincidiesen en el
colegio.
Creció
en la inestable y bélica España del siglo XIX, marcada política
y socialmente por varias constituciones, regencias, reinados, gobiernos
provisionales, restauraciones y la primera república.
La
inteligencia de Nicolás Ledesma, su actividad, y el deseo insaciable de
saber, le hicieron avanzar rápidamente en los estudios. Sólo así se
explica, dice Esperanza y Sola, que a la edad de dieciséis años
obtuviese la plaza de maestro y organista de la Colegiata de Santa
María la Mayor de Borja, que había quedado vacante por pasar su
propietario, Pablo Rubla, a desempeñar el magisterio de capilla en la
Catedral de Tudela. Ya anteriormente, incluso, había participado en
otras oposiciones para ocupar esos mismos cargos en la Colegiata de
Santa María de Calatayud, tal como se desprende de una carta de
recomendación cursada por García Fajer al cabildo de la de Borja que
fue leída, según consta en acta, en sesión del cabildo del 17 de marzo
de 1808 −día en que tenía lugar el Motín de Aranjuez que provocó la
renuncia a la corona española de Carlos IV en favor de su hijo Fernando
VII−: “…se leyó una carta de Don Francisco Xavier García maestro de
capilla del Salvador de Zaragoza, …diciendo que si Nicolás Ledesma no
lograse el magisterio en Santa María de Calatayud…escribiría para que
desde allí pasase a esta iglesia en quien se lograría una persona de
habilidad y conducta.” Esto nos indica que Nicolás Ledesma, en el mes
de marzo de 1808, opositó al magisterio de capilla de la Colegial de
Calatayud, no consiguiendo la plaza. Y que inmediatamente, comisionado
por su maestro García Fajer, se dirigió a Borja donde obtuvo la
maestría de Santa María, después de demostrar ante el Tribunal un
conocimiento profundo de la obra de don Francisco Javier García
Fajer y de haber realizado una exposición brillante de la
misma.
El 26 de marzo de 1808, el cabildo borjano le confirió el magisterio; y
el 2 de abril siguiente, su secretario leyó a Ledesma la relación de
obligaciones del puesto conferido. Ya ocupando esta maestría, según
Esperanza y Sola: “…escribió algunas obras religiosas en las que algo
se descubrían los gérmenes de su fecunda inspiración…” Téngase en
cuenta que entre las obligaciones de los maestros de capilla estaba la
de componer obras musicales para el culto, además de la dirección de la
capilla y enseñanza de los infantillos del coro.
Situaciones
tristes y oprobiosas le tocaron vivir al jovencísimo maestro en Borja,
con ocasión de la invasión francesa y de la Guerra de la Independencia.
A los dos meses de haber tomado posesión de su cargo, el cabildo de
Santa María acordaba elevar rogativas para implorar el auxilio divino y
la tranquilidad pública en esas circunstancias, aprobando “que en los
tres días de Pascua se cantasen tres misas solemnes con violines con
Nuestro Señor expuesto, en el convento de la Purísima Concepción; y en
los tres días siguientes se cantasen las letanías por la ciudad con
tres misas en la colegial". El 7 de junio de 1808, −el mismo día en que
el ejército francés salía de Pamplona dirección a Zaragoza− el cabildo,
a requerimiento del ayuntamiento de la ciudad, establecía la entrega a
éste de una porción de las flautas de metal del órgano más tres o
cuatro arrobas de plomo sobrante de la obra del chapitel de la torre de
la iglesia, para hacer balas. En sesión del cabildo celebrada el 16 de
septiembre de 1808, se leía una Real Orden para que se hiciese una
función implorando “…de Dios Nuestro Señor el desagravio por las
profanaciones que en estos reinos han cometido las tropas francesas”.
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