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¿Es
casualidad
que Juan de Flores nombrase a tres de sus personajes con
topónimos de lugares tan próximos entre sí?
Evidentemente no puede ser casualidad, y menos que ésta se diese
en el siglo XV. El escritor debía conocer muy bien esta zona, y
hasta puede ser que naciese en ella. Ahora, también es cierto,
que podría haber llegado al conocimiento del lugar tras haber
vivido algún tiempo por allí. Por su relación
estrecha durante su madurez con la corte castellana y con la ciudad de
Salamanca, es lógico pensar que su permanencia en esas tierras
aragonesas pudo ser durante sus años más jóvenes.
El
personaje del abogado
Torrellas, de su obra “Grisel y Mirabella”, parece
incuestionable que está inspirado en el escritor catalán
Pere Torroella y en su obra poética “Coplas de maldezir de
mugeres”, y así se desprende de las alusiones
explícitas en la propia novela de Juan de Flores. Pero esto no
impide pensar que dada la coincidencia del apellido del escritor
catalán con el nombre de la villa de Torrellas, localidad que
Juan de Flores debía conocer muy bien, éste tomase tal
coincidencia como punto de partida para idear los nombres de los otros
personajes con topónimos de la misma comarca aragonesa.
¿Es
posible que
Juan de Flores tuviese orígenes árabes? A ello ayuda
precisamente el que en las cuentas de Gonzalo de Baeza, se recoja como
explicación a la entrega de una cantidad a Juan Flores, lo
siguiente:
“142.000
maravedíes para llevar a la Reina de Granada telas de brocado raso,
terciopelo y raso verde”.
¿A
quién
mejor para enviar en embajada ante los reyes nazaríes, que a un
personaje que dominase la lengua natural de dichos reyes, y que
posiblemente era conocedor del terreno? El dominio de la lengua
árabe necesario para la embajada avalaría los
orígenes mudéjares del embajador. La importancia de la
embajada y de la cantidad destinada a tal fin, evidencia la confianza
que la reina castellana tenía en Juan de Flores.
¿Y
cómo
llegó Juan de Flores a formar parte de ese círculo
cortesano de la reina Isabel de Castilla?
Por
aquella
época, si no se era noble o grande del reino, lo que no
ocurría con Juan de Flores, el acceso a la corte normalmente se
hacía entrando a servir en las cámaras de los reyes desde
muy jóvenes, empleos que se solían heredar de padres a
hijos, o también pasando a formar parte de sus guardias
personales, o a través del mecenazgo que los reyes empiezan a
ejercer con los artistas y hombres de letras.
Lo
más probable es que entrase en contacto con las cortes de los
reyes castellanos Juan II y Enrique IV, a través de su padre
Fernando de Flores, que también llegó a ser
“contino” de la casa de los Reyes Católicos.
En
su
Crónica, con ocasión del asentamiento del real de las
tropas de Fernando e Isabel cerca de la ciudad de Toro, hecho acaecido
el 20 de julio de 1475, escribe:
“…¿quién
los escriuira que tan bien parezca al sentido de los letores como a los
ojos que los vimos? Yo agora, en este espaçio, muchas vezes
dexé la pluma de la mano y muchas la torné a tomar,
comigo mesmo matandome, porque tan bien escripto como el pontifical
dello pareçia, no lo dexo en memoria a los que después
leyeren. Mas si culpa alguna, oyentes, me cargays, mirad cómo
los tan maruillosos autos, aun los ojos no los pueden ver,
¿cómo el juicio los bastaría escruir?”
Seguía
a las
tropas y reales castellanos en los años 1475 y 1476, e incluso
pudo participar en las batallas de Toro y Zamora, “comigo mesmo
matandome” dice el cronista. Es lógico pensar que Juan de
Flores, por esas fechas, no pudiese tener muchos más de cuarenta
años. Es decir, que fuese una persona en plena madurez, con una
formación ya adquirida y reconocida que permitiese a los reyes
Fernando e Isabel, y más a la reina de quién parece ser
estaba más próximo, depositar en él su confianza y
encargarle su crónica.
Si
Juan de Flores, que
probablemente murió a finales de la década de los
años ochenta del siglo XV, contaba hacia 1475 con unos cuarenta
y cinco años de edad, esto quiere decir que cuando murió
estaría alrededor de los sesenta años, habiendo nacido,
por tanto, a principios de los años treinta del siglo XV.
Es
altamente
significativo el que la crónica de los reyes Fernando e Isabel,
quedase inacabada o incompleta, llegando sólo hasta finales
del año 1476, más cuando la guerra civil acabó en
el año 1479. Esto me hace pensar que pudo ocurrir algún
hecho importante de marcado carácter negativo, posiblemente
relacionado con el rey don Fernando, por el cual Juan de Flores se
alejase o fuese alejado de alguna manera de la corte, pasando a estar
más cerca
de la casa del Duque de Alba y estableciendo su residencia de forma
permanente en Salamanca. Y esto, aunque posteriormente, prestase
servicios a su reina, como así lo demuestran la embajada
encomendada en 1484 y la comisión de justicia en 1485.
Lorenzo
Galíndez
de Carvajal, según recoge Julio Puyol en la
“Crónica incompleta de los Reyes
Católicos”, dice en el prólogo de su
“Memorial o Anales breves del reinado de los Reyes
Católicos”, hablando de los cronistas que escribieron
sobre la vida de los reyes, lo siguiente:
“El tercero fue un Alonso Florez, vezino de la ciudad de
Salamanca, familiar de el Duque de Alba, que escribió lo de Toro
y Zamora. Y aquello se dexó también de poner por algun
respeto, y porque nunca se tubo por crónica authentica”.
Galíndez
adjudica
la condición de cronista al hijo de Juan de Flores, cuando la
realidad es que el cronista fue el padre, y es Juan de Flores el autor
de la obra manuscrita que Julio Puyol editó con el título
de “Crónica incompleta de los Reyes
Católicos”. La circunstancia de que Juan de Flores,
escribiese sus obras en los años finales de su vida y que,
posiblemente, incluso no llegasen a difundirse en vida del mismo, sino
una vez que el autor hubiese desaparecido, no habiendo gozado de
reconocimiento literario, podría explicar la confusión de
Galíndez.
En
la edición
preparada por Antonio de la Torre, en 1954, de “La Casa de Isabel
la Católica”, se recoge parte del contenido de un libro
existente en el Archivo de Simancas en el que se relacionan las
personas al servicio de la reina, que integraban su casa en la segunda
fase de su reinado a partir de 1487. Y en uno de los asientos del libro
aparece:
“Reyna.
Capellan.
Asento, año 1503, Gaspar Flores, hijo de Juan Flores. Asento,
por vn su aluala, fecho 3-IV-1503 por Capellan de su Capilla; tiene de
raçion e quitacion cada año 8.000 mrs, para que le sean
librados este dicho año desde 4-IV, que fue asentado el dicho
aluala, y dende en adelante en cada vn año, segund en el dicho
aluala se contiene”.
Esto
pone de manifiesto que Gaspar Flores pasó a formar parte de la Capilla
de la reina Isabel desde el 4-IV-1503.
Antonio
de la Torre, en
el Apéndice II del citado libro, que comprende el índice
alfabético de personas, en nota de pie de página
aclaratoria, dice: “Se respeta la grafía. Cuando el
patronímico difiere de la forma actual, se hace referencia.
Cuando adopta dos formas, se usa la actual, con referencia”. Y
relaciona: “Flores Juan, padre de Gaspar Flores (Fols. 44-10 v.)
V. Flórez, Gaspar”. A pesar de la remisión que el
autor hace a “Flórez, Gaspar”, no recoge en el
índice ningún Flórez. En cualquier caso, por el
tenor de su nota al pie de página citado, parece deducirse que
en el libro manuscrito que contiene el personal de la casa de Isabel la
Católica, se hace referencia a Gaspar Flores o Flórez, lo
que indicaría que los hijos de Juan Flores fueron conocidos por
el apellido Flores o Flórez.
Historia derivada de Juan de Flores 
Grisel
y Mirabella
BIBLIOGRAFÍA:
- Historia
de la
fidelísima
y vencedora ciudad de Tarazona.- Tomo II.- José María
Sanz Artibucilla.- Madrid, 1930.
- Crónica
incompleta de
los
Reyes Católicos (1469-1476), según un manuscrito
anónimo de la época. Prólogo y notas de Julio
Puyol.- Academia de la Historia.- Madrid, 1934.
- Grisel
y Mirabella, de
Juan de Flores.- Real Academia Española de la Lengua.- Madrid, 1954.
- La
casa de Isabel la
Católica.- Edición preparada por Antonio de la Torre.-
Consejo Superior de Investigaciones Científicas.- Madrid, 1954.
- Cuentas
de Gonzalo de
Baeza,
Tesorero de Isabel la Católica.- Tomo I: 1477-1491.- Antonio de
la Torre y E.A. de la Torre.- Consejo Superior de Investigaciones
Científicas.- Madrid, 1955.
- Las
casillas de pico de
la Ciesma
en Grisel.- Joaquín Marco y Félix A. Rivas.- Ayuntamiento
de Grisel-Asociación Cultural La Diezma.- Grisel, 2003.
- Grisel
1781, de Ramón
Alcaine.- Boletín Informativo de la Asociación Cultural La Diezma.-
Boletín nº 22.- Grisel, agosto 2003.
- La
transición de Ronda a
la modernidad.- María Antonia Salas Organvídez.-
Editorial La Serranía y Real Maestranza de Caballería de
Ronda.- Ronda, 2004.
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